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érase un sonido de tambores de trance que levantó mi mirada
un aire de noche de pocos años en mí
un viento de los años que pasaron
con el sabor de mi propia boca cerrada
y muy joven ante el espejo un sábado en la tarde

dónde quedó el malestar agradable de esos días de fiebre en una cama caliente
dónde quedó mi lista de miradas tontas y fijas afuera en la calle
dónde quedaron cinco minutos de esos años

las casas eran menos importantes
la salud pasaba mejorando mientras crecía
mis huesos se endurecen hoy

los anillos de boda se hacen más importantes
con completa y alegre razón

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de él mi padre me contó que sentado decía

los pájaros también
el que va en bicicleta también
el alcalde también
la tarde también
los ríos también
la muchacha también
los murciélagos también
yo también
vos también

yo creo que decía o debió decir también

la música también
las alegrías también
los árboles también
un papel para anotar también
un trinitario y un polaco hablando de filosofía inca también
un comino imaginario también
un pollo asado también
un poco también
lo mejor también
Jesús también

creo que el pintor que vi en una esquina mirando las cosas puestas
las medía y sintetizaba

además era una feria lo que había para su vista

un desfile de todo
una noche de colores y sicodelia
que en el tiempo viajó conmigo
como parte de esas cosas de las que difícilmente hablo

¿cuántas cosas pasan en las esquinas o en mitad de una calle
sobre las cosas puestas?

en cualquier parte
sobre todas las cosas puestas

el silencio tiene rimas como las canciones que mueven

tiene un poco de dorso de mano al sol
de soledad

el silencio tiene el respeto de la vida en su resumen

yo anduve unas cuantas calles en las que piedritas salían a pegar en unos muros
y romper el silencio y la quietud
tan solo por mi caminar

el silencio no es nada
y no tiene nombres
pero tiene rimas como las canciones que mueven

reservadas como palmas con sus caras lejos del suelo
perdidas como piedras desconocidas en una montaña

abajo como lobos derrotados

en un lugar las lluvias se juntan con el agua grande del mar

no es el momento de estar en blanco y negro
en las manos mojadas de la mujer de la costa muy al sur

ni de temblar por ningún frío o vacío

es el momento de sonreír una visión nocturna

juegos alegres se despiertan
alegrías de malas interpretaciones de optimismo se deciden
se deciden a bailar el baile del café

una vez en la pista de baile las manos se calientan de manera pequeña como el cariño
como un recuerdo ya borroso que no importa nada

como barrunto de última noche de año por el lejano nuevo año
este día se sitúa y espera en un sol de almuerzo, distinto

las mareas de Buenaventura
las recuerdo como si tuviera un tinto para brindar
como si me dijeran oye vuelve a la playa

saliva de buen sabor la del mar
la del tinto

que se vuelva monumento de enciclopedia vieja

mi pequeñita me pregunta por el árbol más alto
mientras que el microtiempo no deja de susurrar que no es tarde

la cabeza se mueve sola en un nerviosismo ingrato
como olvido de enfermo

suenan sus simpatías unos niños mongólicos
y las 11 del día tiene un silencio de martilleos somnolentes

mi barba de segundo día ha aprendido a ser así
los otros que no saben nada se hacen a un lado

un hilo de nada en lo mucho que viste a la alegría que se ha ido de vacaciones
las manos bien podrían abrirse paso entre los arbustos amarillosos y rudos
quedar dormido sería un alivio bajo el sol como niño descuidado

desde aquí las cosas están más lejos que del aire de al lado
mis sostenimientos de manos y de vista son más difíciles de conformar
como es difícil la experiencia primera del Neandertal alemán cuyos huesos se estudian

sin diario, sin gafas, sin shampoo, sin estufa para cocinar un domingo en la tarde, sin academias de lenguas

es más difícil
hasta el lloro
hasta la rabia
pues no es solo decidir e irse sin más porque abandono no
mentiras propias no
lamentaciones no

no hay más sostenimientos hoy
quizás mañana sí

una cámara al revés mis ojos
los detalles de lejos brincando como una palabra en desuso que juega
y los árboles ramas abajo suelo arriba

salí de un día frío y llegué a un día de calor
pasé por desiertos y por manglares secos comiendo uvas pasas

sin una moneda en el bolsillo no entré a los supermercados
me quedé en la calle mirando
me alejé de todo y me acerqué a mí mismo

no dije lo que quizás debí decir
pero las palabras no son tontas
ninguna
ni yo
y eso es mucho
aun en el caso en que estén en desuso

la cara pensativa
nacido un año cualquiera
muestra el dolor
allá en un rincón de brillo de los ojos

un acomodo de los labios
la sonrisa no terminada detrás del sol
el sucio de después de una comida copiosa de grasa
antes del café y después de pagar una cuenta que dolió
todo parece sin importancia
todo no más que hoy antes de mañana

suena en su cabeza el sonido del piano
que no vio quién tocaba

imaginó por un momento una mujer de edad
especial

repetiría algo no tan caro

las noches amplias y silenciosas de estrellas
de tus sueños infantiles
no son las de estas líneas de amor
pero quizás estaban
en una de tantas como catorce o más dimensiones
que de la noche son madres o abuelas

esas noches en mi lugar eran un montón de preguntas y no acciones
acciones que eran preguntas
con las que viajé a estos días con maletas llenas de polvo
con la sonrisa que caracteriza a mis burlas más pícaras que conoces

pero grité y me escuchaste
en la bullaranga que vivimos
y el payaso alemán en sus opiniones fracasó
y el cantante de bares de Saawariya o noches blancas también
y otros, no nosotros
y pedimos a Dios no sea el caso

te llevo en moto a una playa de Panamá todos los días que sea
te tomo de la mano en una tarde debajo de una acacia
me undo contigo jugando en una playa del Valle
como bocachico frito con suero y cebolla
apuesto a tu risa como a tus caras raras
juego a hablar de niños
con confianza de uno en otro, mano a mano

como dos amantes de amor y tiempo
nos sea siempre dado alegremente cantar
mano a mano
con un beso igual

nos sea dado
nos sea dado

en las tablas de las mesas de los años veinte del siglo doce
reposaban los codos de los distraídos

una noche de diciembre era suficiente
para perderse en la ciudad

Recaredo iba a la taberna en que sonaba una guitarra
la luna lo siguió

pasaron tantas personas como nunca en otro lugar
y los gritos animaron la cara de Tegridia

los mercados son lugares de ruido
se escuchan verdades de café de sueño

la luna que siga moviéndose
igual que ahora

en un alboroto de ojos abiertos
los pasos así sigan siendo celebración

es el momento de las golondrinas
aunque no se enteren de lo que pasa
y vuelen más bajo

no miran delgadamente ni paran
siguen con sus vientecitos de plumas pequeñas
¿igual miran los niños?
¿igual se mira a esas raras tardes amarillentas de domingo?

las mismas aves que amanecieron en la ciudad de Alejandría y de Nínive
al lado de la mañana en que se bañaban en un río los más alegres y amantes de la naturaleza

los mismos alegres que en las noches formaban sus propios nidos a la luz de fogatas y caricias ciertas
en tiempos aún más lejanos, más lejanos

el día es de viento afuera
la canasta llena de manzanas en mi mesa de noche huele bien como solo su olor
en su punto alto puede,
la luz de la tarde en el rincón rodea a mis zapatos nuevos
como una cortina delgada de luces sabe hacerlo en un día cualquiera

yo no pienso en los días de placer idos,
mis sesos están erguidos y orgullosos de su mismo estar no tambaleante de borracho,
mi cara suave y recién afeitada

mi proyecto de andanzas se ve en la cara de mis hijos y en uno que otro árbol,
mi alegría en el frío cuando amo en las noches de música suena igual que
Thode badmaash ho tum
esa bella canción
que Dostoievski estimaría junto a sus amores
y Juan Ramón Jiménez tendría con cierto pesar y alegría

la mirla y sus pequeñas patas amarillas en el árbol siguen midiendo la tarde amplia,
pasa suavemente mirando todo de lado y de frente
confiada en mi pensamiento bajo las sombras

mi mundo es todo este de andar de Navidad a mitad de año
en reversa y alegría, en directo y en pesares que me agachan los ojos

días que agradezco como oso en bayas
como pasto sano que mueve la lluvia y nada más

se hizo del calor de los volcanes
moneda de oro en el más entrañable de los mundos silenciosos
se aposentó en la tarde en que me doblé a amarrarme un zapato
como un sentimiento nuevo se quedó antes de darse valor

llegó debajo de las palmas y de las acacias frescas y altas
se quedó como invitada de honor en mi poco social manera

como el poeta koreano de la novela
que desapareció en la orilla del río
sin saberse cómo
se quedó en esta tarde y en las anteriores

el aire de al lado

es un golpe de luz

claro como pared blanca sin huellas de manos

se halaga así mismo sin que yo me involucre

vive transparente,  mas no vacío ni único

cuando es aprehendido a simple primera impresión

en horas de la tarde se adormece y me adormece

en horas de la noche da su elegancia hasta las 9 pm

y se va

en días en que mi sola cara es solo preguntas

sin notarlo me adentro en sus caminos confiadamente

salgo a conocer sus paisajes siempre alegres